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Mostrando las entradas de abril, 2026

Sabemos que no habrá justicia. Aún así la exigimos.

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Lo que incomoda del caso de Edith Guadalupe Valdés no es solo lo que pasó. Es que, en algún punto, todos sabíamos cómo iba a desarrollarse. No los detalles, no el desenlace exacto, pero sí la forma: la demora, la respuesta institucional que llega después, la explicación que intenta ordenar lo que ya se desbordó. Y eso obliga a mirar en otro nivel. No el del crimen, sino el del lenguaje del poder. Porque un gobierno no solo actúa: narra lo que hace . Y esa narración no es decorativa. Es parte del funcionamiento mismo del Estado. Una política pública no termina en su ejecución; termina en su capacidad de ser comprendida, asumida y creída. Ahí es donde se cierra —o se rompe— el circuito de legitimidad. En condiciones normales, acción y narrativa están alineadas. Un Estado que actúa con eficacia puede sostener una narrativa creíble porque no necesita forzarla. La realidad le da sustento. La coherencia entre lo que ocurre y lo que se dice produce algo muy simple pero muy poderoso: confian...