¿Reforma electoral o reforma del poder?

 


Reforma Electoral 2025: ¿Transformación democrática o reconfiguración del poder?

Por Eduardo Vázquez

La reciente creación de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum, con Pablo Gómez al frente, ha reavivado el debate sobre el rumbo democrático de México. Bajo un aparente compromiso con la participación ciudadana y la austeridad republicana, el gobierno propone redibujar las reglas del juego electoral. Pero detrás de ese discurso, ¿estamos ante una reforma para mejorar la democracia o para asegurar el control político del futuro?

Este artículo busca analizar, desde una perspectiva crítica e histórica, los elementos más profundos de esta iniciativa que, más allá de la coyuntura, podría marcar un antes y un después en el sistema político mexicano.

La reforma electoral en el espejo de la historia.

México no es ajeno a las reformas electorales. A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, el país ha vivido ciclos de transformación electoral que han respondido, casi siempre, a tensiones entre hegemonía y pluralismo.

  • 1977: la reforma de Jesús Reyes Heroles reconoció la necesidad de abrir el sistema para evitar una explosión social.
  • 1996: se fortaleció al entonces IFE como órgano autónomo, en respuesta a la desconfianza ciudadana tras las elecciones de 1988.
  • 2007 y 2014: las reformas buscaron ajustar los mecanismos de representación y financiamiento, con la idea de profesionalizar la política y limitar la injerencia de intereses económicos.

Hoy, bajo el discurso de “profundizar la democracia”, la Cuarta Transformación propone una nueva inflexión, pero no desde la oposición, como en el pasado, sino desde el poder presidencial y con una mayoría legislativa.

El poder rediseñando al poder

La comisión está integrada exclusivamente por funcionarios del círculo presidencial, sin representación plural, académica ni técnica con capacidad de voto. Esto plantea una tensión fundamental:

¿Puede el gobierno que controla el aparato estatal rediseñar las reglas de la competencia política sin vulnerar la democracia?

Cuando un grupo hegemónico concentra el poder legislativo y ejecutivo, y al mismo tiempo busca modificar el sistema que regula su acceso al poder, se corre el riesgo de captura institucional.

¿Reformas democráticas o retroceso institucional?

Entre los puntos más polémicos de la propuesta están:

  • La eliminación de diputados plurinominales: lo que suena bien en la superficie (“menos políticos”) podría significar menos representación para minorías políticas, y una sobrerrepresentación artificial de las mayorías.
  • Reducción del financiamiento público a partidos: si no se regula al mismo tiempo el financiamiento privado, se puede abrir la puerta a intereses oscuros y desigualdad en la contienda.
  • Elección por voto popular de consejeros del INE y jueces electorales: una medida que podría llevar a la partidización de órganos que deben ser autónomos y técnicos. En otras palabras, una democracia aparente con árbitros sometidos a las pasiones electorales.

¿Democracia directa o populismo plebiscitario?

La consulta nacional anunciada por la presidenta Sheinbaum sobre temas técnicos y estructurales como el financiamiento a partidos y los diputados pluris tiene un dilema de fondo: no basta con preguntar a la ciudadanía si no se garantiza deliberación, información y debate real.

Si las decisiones se toman sobre la base de percepciones inmediatas, sin pedagogía democrática, la consulta se convierte en instrumento de legitimación, no de deliberación ciudadana.

La continuidad del obradorismo: ¿Sheinbaum como heredera o como arquitecta?

El hecho de que esta reforma retome los ejes de la fallida iniciativa de AMLO de 2022 no es casual. Sheinbaum parece estar institucionalizando el proyecto obradorista con un estilo distinto, pero con una lógica de fondo similar: centralizar el poder bajo el mandato popular.

Esto abre preguntas estratégicas para el futuro:

  • ¿Será Sheinbaum una figura de continuidad o de consolidación de un nuevo régimen?
  • ¿Se busca perfeccionar la democracia o construir una hegemonía duradera desde el Estado?

Lo que está en juego

Esta reforma no solo cambiará el número de diputados o la forma de elegir consejeros electorales. Puede rediseñar el equilibrio de poderes, la lógica de representación y la naturaleza misma del sistema democrático mexicano.

Lo que se juega no es solo el próximo proceso electoral, sino la arquitectura política del país por las siguientes décadas.

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