Cuando el Estado aniquila derechos: el verdadero trasfondo de la reforma a la Ley de Amparo
Hay
algo que el gobierno no dice abiertamente, pero que se siente en cada paso: el
poder no soporta ser cuestionado. Por eso hoy intenta modificar la Ley de Amparo, esa
herramienta que durante décadas ha sido el escudo de los ciudadanos frente a
los abusos del Estado.
La
reforma busca que los jueces ya no puedan detener leyes o proyectos con efectos
generales. En otras palabras, si un juez detecta que una ley viola derechos, su
decisión solo protegería al que presentó la queja, no a todos los afectados.
Suena técnico, incluso inofensivo. Pero no lo es. Es una jugada que cambia por
completo el equilibrio del poder en México.
Porque cuando un gobierno limita la
capacidad de los jueces para frenar abusos, no está
fortaleciendo al país, está debilitando la democracia. Está
diciendo: “no quiero contrapesos, quiero obediencia”. Y eso, en cualquier época
y bajo cualquier color de partido, siempre termina mal.
El amparo no fue creado para detener
obras; fue creado para detener abusos. Ha sido la última defensa de comunidades
enteras contra proyectos que destruyen su tierra, de pueblos indígenas contra
decisiones impuestas, de ciudadanos comunes frente a leyes injustas. Si ese
freno desaparece, el poder podrá avanzar sin rendir cuentas, aunque en el
camino destruya derechos, hogares o ecosistemas.
Nos quieren hacer creer que todo es por
el “bien del pueblo”, que los jueces “frenan el desarrollo”. Pero el desarrollo
sin justicia es solo otra forma de sometimiento. Un país que corre
sin mirar a quién pisa no está impulsando el progreso, lo está condenando.
Esta reforma no solo toca leyes: toca el
alma de la República. Porque la democracia no se mide por la velocidad con la
que un presidente cumple su plan, sino por su capacidad para aceptar límites.
Si el poder no puede ser detenido, si no puede ser revisado, entonces deja de
ser poder democrático y se convierte en poder absoluto.
Hoy México enfrenta una decisión
silenciosa pero trascendental: ¿queremos un gobierno sin contrapesos o un
gobierno justo? ¿Queremos eficacia sin cuestionamiento o queremos libertad con
derechos?
No
se trata de defender jueces o un poder por argumentos políticos, sino de
defender el derecho de cada ciudadano a no ser aplastado por decisiones que no
puede cuestionar.
Cuando el poder busca callar a los
jueces, es porque empieza a temerle a la justicia y este gobierno le teme, por
eso ya lo debilitó al reformar su integración con perfiles inadecuados y sin
experiencia, y ahora busca eliminar un derecho histórico en materia de amparo. Esto
nos conduce a la aniquilación de contrapesos, y cuando eso ocurre, es
el pueblo quien debe alzar la voz.
Porque si el Estado puede hacer lo que
quiera sin ser detenido, entonces ya no es un Estado de derecho… es un Estado
de poder.
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